En los últimos tiempos he leído artículos y predicciones sobre “El Fin del Software”, el advenimiento del “Cloud Computing” y el crecimiento del Software como Servicio (SaaS).
Desde ya adelanto que comparto plenamente los conceptos de estos artículos y también las predicciones de IDC y otras consultoras.
El tema es que los agentes del mercado en nuestra región todavía están envueltos en la batalla anterior.
Supongo que ya han oido hablar del término “Cloud Computing” para referirse a la entrega en tiempo real de servicios de negocios y de consumo sobre Internet. En vez de instalar una aplicación de software en un computador personal o un teléfono móvil, consumir la aplicación en linea, sin importar desde donde se acceda y donde resida la misma. Mucho menos aun importará en qué está hecha la aplicación en si. Incluso en la nube el hardware se dimensionará de acuerdo a los requerimientos, escalando en infraestructura cuando sea necesario.
La inmensa mayoría de los productores de software locales siguen produciendo y entregando soluciones de escritorio con algunas opciones de acceso remoto o web. La inmensa mayoría de los usuarios debe trasladarse a un lugar físico determinado para poder tener acceso al sistema de información de la empresa, para “trabajar”, y la interconexión entre aplicaciones es muy precaria en los paquetes comerciales y casi inexistente con los aplicativos de gobierno y servicios públicos, con la excepción de Chile que lleva la delantera con luz en este aspecto.
Cada vez cobra más y más sentido poder comprar y vender desde cualquier lugar, ya sea desde las instalaciones de un cliente, en casa, desde el móvil o en la playa (cuidado que la playa es para disfrutar pero no estaria mal poder comprar con el movil cuando no tenemos efectivo o tarjetas de credito, algo para almorzar sin salir de la arena). Ni que hablar de hacer un trámite en una oficina del gobierno sin tener que invertir horas en la tarea de trasladarse sin sentido y esperar horas por un comprobante o un documento que podemos recibir electrónicamente.
Ya tenemos mucho a nivel de compañías aereas, reservas de hoteles, alquiler de autos. Es tiempo de que las aplicaciones impacten en lo de todos los días, desde el pago del autobús, el taxi o la gasolina, los peajes, las entradas al cine y al fútbol, la reserva de hora con el médico, es más, poder tener una reunión con el médico sin tener que “ir al médico”, estudiar, recibir y almacenar análisis clínicos, pagar cuentas, hablar con alguien o con un grupo de personas, ver juntos algo aunque estemos a cientos de kilómetros de distancia, votar, ser elegido, tramitar un permiso de construcción, una exportación a China, abrir una cuenta corriente en un banco en cualquier parte del mundo, comprar ropa interior o un edificio…
Se hace dificil cerrar esta entrada, aunque en realidad queda abierta para sus opiniones.